8/07/2011

El juguete rabioso

El Ital Park fue el mejor parque de diversiones del mundo (claramente superior a Disney World o Legoland o Universal Studios Florida). Tuvo la desgracia de tener que ser clausurado y meses después cerrado definitivamente en 1990 porque, como todos recuerdan, una chica murió en el Matter Horn. Dicen que el Ital Park estaba en crisis financiera y que, por eso, no habían hecho todos los controles necesarios en el carrito que se desprendió. Y es verdad, estaban todos los juegos hechos mierda. Me acuerdo que yo había ido justo un mes antes de que lo clausuraran. Me subí a la Súper 8 volante (hasta los nombres eran geniales) y fiel a mi estilo neuro-miedoso que ya demostraba a los catorce años, le pregunté al pibito de seguridad: "¿está bien trabado esto?" "No, justo este broche funciona mal" y se rió. En principio, cualquiera pensaría que el muchacho le hacía ese chiste a todos los que le hacían ese tipo de preguntas, La típica broma del valiente al que tiene miedo, del cancherito al cobarde, como cuando alguien le tiene miedo a una cucaracha entonces va otro y la agarra con la mano, se la muestra y le dice: pero si no hace nada, ¿por qué le tenés miedo? Solo que en este caso es como si la cucaracha, un mes después de la pregunta, se hubiera devorado a un humano.

La otra noche, en una cena familiar, alguien contaba de un amigo que las noches de navidad tenía recuerdos tristes de su infancia. Específicamente, recuerdos relacionados con la pobreza. La persona en cuestión recordaba que mientras los otros recibían regalos geniales, él imaginaba juguetes y cuando abría el paquete se encontraba con un chocolate. Y parece que la realidad no es como cuenta la historia de Charly y Willy Wonka.
Ahí yo dije que, más allá del recuerdo triste de este hombre y su infancia pobre (para ser sincera yo también era bastante pobre cuando era chica) es un clásico de todos los humanos recordar el juguete que querían y no tuvieron. Yo estoy segura de que todos los que están leyendo esto se acuerdan de algo que deseaban muchísimo y que no tuvieron. Yo, por ejemplo, pocas cosas quise más en mi vida que tener una Commodore 64 y, a pesar de que rogué, nunca me la pudieron comprar.

Bueno, en ese momento, la conversación se dividió entre los que empezaron a nombrar su juguete de la infancia y los que empezaron a teorizar sobre la responsabilidad paterna en el cumplimiento de deseos de los niños y la aceptación al fracaso.

Ahora que lo pienso mejor, también hubo cosas que deseé muchísimo en mi niñez y que las tuve y que me hicieron muy feliz. Por ejemplo una mañana de Reyes en la que me encontré con un disco de los Parchís que quería y quería y la felicidad de abrir el envolotorio y verlo es inolvidable. Y también quise mucho el juego Operación y cuando lo tuve, no me gustó y me dejó de interesar.

Lo que quiero decir con todo esto es que después de la conversación me dieron ganas de escribir un texto y decir algo sobre el deseo. De verdad, creo que si uno piensa su deseo en relación con sus juguetes, con los que tuvo y los que no tuvo, puede darse cuenta de algo interesante sobre sí mismo. Por ejemplo, de lo que me di cuenta yo es que, en este momento de mi vida, no estoy en condiciones de asegurar nada. A veces, lo tuve y fui feliz, a veces, lo tuve y me dejó de interesar, a veces, no lo tuve y lo deseé más y a veces, no lo tuve y pude aceptarlo. Sé que parece un poco relativo y vago lo que digo, pero, para una persona que le gusta tener su vida bajo control e intenta aceptar que eso no es posible, es un hallazgo maravillloso. El deseo se resiste a teorías y a afirmaciones.

Ah! el Ital Park. Cómo entraba el Ital Park en todo esto. Bueno, al finalizar la conversación familiar, recordé la historia más triste de mi infancia: mi cumpleaños número ocho. Teníamos planeado ir al Ital Park, que era el lugar que más me gustaba en el mundo. Pero ese 15 de abril amaneció nublado. Y yo quería ir igual, aunque estuviera nublado, y lloraba y decía que quería ir. Y mis padres me decían que estaba por llover y que no podíamos ir si llovía. Y yo seguía llorando. Y me puse en nena caprichosa, entonces, encima, me retaron. Y sufrí mucho. Y, la verdad, no tengo mucho más para decir al respecto. Fue triste. Eso.

2/15/2011

Anti San Valentín en el CCCB

En lo personal , no soy ni Pro San Valentín, ni Anti San Valentín. Nunca festejé el día, no por odio o soledad, sino por desinterés. Por supuesto, siempre fui, soy y seré Pro Amor, el estado más maravilloso que puede vivir un ser humano. Pero, además, como sigo siendo una obsesiva de la representación del amor, no quería perderme el Anti San Valentín en el CCCB. Así que allí fui:

Voy al Anti San Valentín en el CCCB. Es de 19.30 a 22.30. Se propone como contracultural y con mucho humor. Hay muchísima gente, mucha cerveza. Y todo lo que viene después es altamente disfrutable y divertido.

Cuando llego, ya empezó. La presentadora está diciendo una versión porno de Me gustas cuando callas. Luego da a paso a un chico (que vi el otro día como cantante de una banda de rock). Se parece a Elijah Wood. Él habla en catalán. Va a decir un poema, pero lo hace de distintas maneras: empieza a mover los labios sin pronunciar sonido. Se tira al piso, hace lagartijas diciendo el poema, se pone guantes de látex, los pone en el micrófono, se lo pone en la boca, y sigue diciendo el poema. Termina golpeándose fuerte el pecho con el micrófono al pronunciar las últimas estrofas.

Vuelve la presentadora entre persona y persona. Después pasan: una chica que se nota que está muy nerviosa (parece que está exorcizando alguna historia de desamor arriba del escenario). Varios de los que suben hablan en catalán y hacen referencia a canciones, poemas o personas de la cultura de acá, así que me doy cuenta de que se están burlando de algo, pero no entiendo el chiste.

Pasa un chico del que me encanta su actitud, tiene nombre griego, habla bajito, dice que con un piano delante es más fácil, porque lo tapa. Comenta ese momento previo a que el amante va a dejar a su amado. La desesperación y la idealización. La pregunta patética del final: “pero, por lo menos, ¿me quisiste un poquito?” Y canta a capella una canción de Magnetic Fields que trata de lo mismo. Uno de los mejores de la noche.

Pasa alguien que lee mi poema preferido de Fogwill: Llamado por los malos poetas. En un ataque de nacionalismo (y de buena literatura, por supuesto), juro que me dan escalofríos continuos. Después hace una lectura excelente de “Como yo te amo”. Yo no conozco o no recuerdo la canción, pero me doy cuenta, por la reacción de la gente, de que se debe de tratar de algo popular. Así que retengo algunos versos en mi memoria, para luego googlearlo y enterarme de que se trata de una canción que canta Raphael. El ímpetu con el que pronuncian “yo” (tanto el poeta como Raphael) me hacen pensar en que es un ejemplo hermoso de que el amor romántico (en donde se aseguran cosas como: “nadie te amará como yo te amo”) no es más que narcisismo y onanismo mental.

Hay una performace de Eloy Fernández Porta (el único de la noche que sé quién es) en donde mezcla video y texto. Fernández Porta tiene dos libros que yo conozco: Afterpop y Eros. Además también conozco al dúo Fernández -Fernández que forma con el escritor Agustín Fernández Mallo.

Pasa una pareja. Son un matrimonio, dicen. Se dan un pico. Ella empieza a leer un texto y en la mitad cuanta sus diez amores homosexuales de manera bastante guarra. Generan cierto suspenso, es interesante. Pero no lo resuelven. Después él lee un poema deliberadamente cursi dedicado a ella y la llama: mi marido. Yo cuando era chica me preguntaba si un hombre que quería ser mujer y una mujer que quería ser hombre no se podrían enamorar y ser una pareja homosexual heterosexual. Algo así parece que quieren representar ellos.

Después pasa un señor más grande. Muy atractivo, de traje. Y lee un poema de Bukowski del libro Mujeres, diciendo que Bukowski no es uno de sus preferidos. Me gusta su aclaración. Cuando lo escucho, descubro la causa de mi prejuicio: no me gusta la gente a la que le gusta Bukowski, pero hay que leerlo a él en lugar de dejarse llevar por la imagen de sus lectores. Tiene cosas buenas, en serio.

Llega una nueva perfomance de Anamor: Yo solo quiero amarketing. Combina canciones (la gran “Vivir así es morir de amor” de Camilo Sesto), con noticias sobre campañas de publicidad sobre San Valentín, con videos de Youtube, con la lectura de una extensa lista de casamiento, con una canción de amor hacia el Spam. Anamor es un muchacho de barba y bigote, gordito que se cambia de ropa pasando por trajes de luces y regala un paraguas al finalizar su actuación.

Ya queda poca gente, un par más que leen, la presentadora dice otro poema de amor porno lésbico en donde habla de la eyaculación femenina. El organizador sube al escenario para hacer agradecimientos. Fin del Anti San Valentín del CCCB.


Día siguiente:

Estoy un rato en casa. La tarde está horrible: fría y nubladísima. Escribo esto mientras me empacho con un postre de crema catalana (acabo de engordar un kilo como mínimo). Busco al músico griego que cantó Magnetic Fields. Se llama Euripidis Sabatis, vive en Barcelona desde el 2004, y tiene una banda: Euripidis and his tragedies. Dejo dos videos. Hay que seguir investigando.





No me gusta cómo quedó este texto. Siento que le falta “vida”. Que no deja ver todo lo que vi yo. Y además es aburrido. Voy a tratar de mejorarlo. Pero, ahora, lo subo porque ya me tengo que ir. Es más, ya me debería haber ido.

2/14/2011

Educación sentimental

5 clásicos de educación sentimental (a tono con el día de San Valentín)

1) The apartment


2) The Philadelphia Story


3) Sabrina


4) To have and have not


5) La dama y el vagabundo

2/08/2011

En el Parque del Laberinto


Dicen que no hay nada menos interesante que lo que sueñan los otros. A mí, me encanta que la gente me cuente sus sueños. De verdad. Además, yo creo que hay sueños que están buenos. Hace un año, más o menos, tuve uno genial. Soñé que descubría que cuando uno se moría iba a vivir a sus historias. El problema es que, parece que, en ese sueño, yo había escrito una novela de lucha y persecución, así que tenía que correr por “mi vida” durante toda la eternidad. Una pesadilla.

Hoy me acordé de ese sueño en el Parque del Laberinto. La cosa fue así: entro al parque y, de inmediato, me agarra ese éxtasis entre romántico y estúpido que vengo comentando desde post anteriores. Estoy sola, no veo a nadie a mi alrededor y digo: esto no es la realidad, esto es un cuentito. Hay árboles, fuentes, cascadas, esculturas. Entonces, lo primero que me viene a la mente son Teseo, Ariadna y el Minotauro. ¿Quién soy yo de esos tres personajes? ¿Ariadna? No, no me gusta ser solo la “ayudante” (que encima, después de toda la historia, parece que Teseo la abandonó y la agarró Dionoso para preñarla. Ojo, no está mal que te haga un hijo Dioniso, pero soy una aventurera, no quiero un rol tan pasivo) ¿Teseo? No, me gusta ser el héroe, pero, ¡ soy mujer! ¿El Minotauro? Dada las dos respuestas anteriores supongo que es a lo que más me acerco. De ahí, claro, enseguida me acuerdo de Borges y Cortázar. “La casa de Asterión” (¡qué cuento, por Dios! Si alguien no lo leyó, por favor, deje de leer esto y vaya a leerlo) y “Los reyes”.

Pensando en todas estas cosas, llego, por fin, al laberinto. La verdad es que es tarde, estuve caminando mucho (nunca logro levantarme temprano) y, en cualquier momento, se va a ir el sol. No veo, ni escucho a nadie. ¿Entro? Sí, claro. No debe ser tan difícil. Además, supongo que antes de cerrar deben revisar si algún turista estúpido quedó atrapado.

Empiezo a caminar, a dar vueltas. Me encanta, me siento una nena en un parque de diversiones. Me viene a la mente Let’s dance de Bowie, canción que confundo con la de Laberinto (dato del que me doy cuenta después, cuando busco el video en internet).

Pasa un rato. Me cruzo con una chica.
Ella: -Por allá no es. Bueno, no sé si buscas el centro o la salida.
Yo: -Cualquiera de las dos.
Ella: -El centro está cerca. No te des por vencida.

Camino unos minutos más y me doy cuenta de que acabo de tener unos de los diálogos más reveladores de mi vida (en lo que dice ella, en lo que respondo yo, en lo que vuelve a decir ella). Pero que, también, el sol está cayendo y ya no escucho, ni veo a nadie.

Y llega la realidad. ¡Joder! (sí, en los últimos días, pienso y hablo mechando palabras en “español” como la Chechu Roth) ¡Joder, quién me manda a meterme acá! Debe ser el laberinto más idiota del mundo, pero… yo soy la persona más desorientada del planeta! Si me pierdo cada vez que voy de Ferrán a la Plaza Real! Voy a morir acá dentro. Si yo no soy una aventurera, soy una persona miedosa, ¿para qué hago esto? Me cago en los griegos, en Borges y en Cortázar. Enferma de literatura, eso es lo que soy!!! Bueno, tengo el móvil (el celular). Teseo no tenía celular, por eso necesitaba del hilo de Ariadna, ¿no? Tranquila, tengo que quedarme tranquila. Puedo llamar a la policía de Barcelona y decirle que estoy perdida en el laberinto del Parque del Laberinto. Ok, no tengo el número de la policía de Barcelona. Puedo empezar a llamar a números al azar para que me den el número de la policía. Está todo bajo control… ¡No!, ¡voy a morir acá!, y, si bien tiene glamour morir en Barcelona, no da hacerlo en un laberinto que debe ser algo simple hasta para los niños…

Y así, encuentro la salida. Después me vuelvo a perder para encontrar la salida del parque y, una vez, para encontrar el metro.

Yo no sé si para mí el paraíso de la literatura es una pesadilla. Tampoco sé si estoy cerca del centro y no me tengo que dar por vencida. Hoy, por lo menos, encontré la salida. Voy a volver otro día, por supuesto, antes de que anochezca. Por ahí, hasta me lo encuentro a Bowie.

2/01/2011

El mar

Hace unos años escribí un cuento que se llama “Vacaciones” y que, básicamente, cuenta, en clave humorística, esas vacaciones que solía pasar (hasta el año pasado) con mi expareja y su familia. El asado, el amontonamiento, las advertencias de las señoras mayores sobre meterse en el mar cuando llueve, jugar a la paleta, irse a caminar por la orilla, sacarse fotos ridículas, mirar esos muñequitos que cambian de color para ver si al día siguiente va a llover. Eso, más o menos, hice yo durante los últimos nueve veranos de mi vida. En el cuento está todo cambiado, como siempre.

Hoy a la tarde me acordaba de un falso diálogo (digo falso porque nunca existió en la realidad) en donde la pareja del cuento habla sobre el mar. En realidad, ella le pregunta por qué se hacen metáforas con el mar, como si el mar significara siempre otra cosa y no fuera el mar mismo. Los diálogos de la pareja de mi cuento son así, un poco tontos, un poco sin sentido. Hablan de las ranas y de los postres con dulce de leche que deberían haber comprado y no compraron y después la familia se los reclama.

Pero, bueno, hoy estoy sentada frente al Mediterráneo, no con malla, sino con campera y bufanda. Y hay un sol de invierno hermoso. Y otra vez me pasa lo de octubre: que me siento frente al Mediterráneo y, de repente, puf! me explota una felicidad interna incontrolable. Y digo, la puta madre, no es una serie de Matthew Weiner , no es una película de Michael Arndt, no es una canción de David Bowie , no es un hombre hermoso (y catalán)…ni siquiera es un mar especial, ¡es el Mediterráneo! Digo, no se caracteriza por ser el más lindo, ni nada de eso.

Entonces, estoy sentada frente al Mediterráneo, inmóvil, al sol, y entrecierro los ojos y veo, por el reflejo, como unas estrellitas en el mar. Y cada vez me siento más feliz. Y digo: chau, me perdimos, no puedo ser tan pelotuda, no puedo estar mirando el reflejo del sol en el mar y sentirme plena. Inyéctenme intravenoso un poco de cinismo, ya! Dios mío, ahora voy a empezar a hablar de las cosas simples de la vida??!!! Y a encontrar señales en la naturaleza??!!! Puedo soportar cualquier cosa de mí, menos eso.

Pero la verdad es que estoy mirando las estrellitas que se forman cuando entrecerrás los ojos y mirás el reflejo del sol en el mar y me siento maravillada y plena. Entonces me pregunto: ¿qué significa este mar? ¿Qué significa el Mediterráneo? Y es ahí donde me acuerdo de mi cuento y de mi protagonista femenina que se pregunta por qué la gente siempre hace metáforas con el mar, cuando el mar, tal vez, sólo signifique eso, el mar. Y, en el cuento, él, al final, le decía (una respuesta falsa también, quiero decir, una vez más, algo que nunca sucedió en la realidad): “Aunque te resistas el mar siempre significa otra cosa”. Y no sé a cuál de los dos de mis personajes creerle.

Bueno, tampoco es muy bueno el cuento. Así que, por ahí, mejor, a ninguno.

1/24/2011

Un desorden ordenado

"Un desorden ordenado". Bien podría ser una de las mejores frases que me caracteriza. Pero no. Simplemente quiere decir que voy a hacer una lista de cosas que conocí, vi, me gustaron, me pasaron, sin demasiada explicación ni análisis al respecto. Algo así como material en bruto. Pero muy interesante. Y si a nadie le interesa (o no se entiende) por lo menos me queda un registro a mí.

Música

Conocí esta banda y me encantó.
Pelea!

Estas otras tres también están buenas aunque tengo que investigar un poco más.
Beach Beach
Thelemáticos
Los punsetes


Episodio en Apolo (o yo contra las reglas absurdas)
Vamos a Apolo, un boliche que tiene dos salas. Hay una entrada común, o, por lo menos, eso es lo que me dicen. Pagamos, subimos y nos damos cuenta de que estamos en el lugar equivocado. Entonces intentamos bajar. Un señor de seguridad nos dice: Hasta las dos y media no se puede bajar.

Probamos con la otra escalera. Otro señor de seguridad nos dice: No, hasta las dos y media no se puede salir. Pero queremos ir a la sala de abajo. Entonces, hubieran entrado a la sala de abajo. Pero pensamos que era todo el mismo lugar. Imposible, todos me dicen lo mismo, pero en la entrada te preguntan. Sí, pero a mí no me preguntaron. A todos les preguntan. ¿Por qué te mentiría, si yo quiero ir a la de abajo? Hasta las dos y media no se puede. Por favor, no me hagas esto. Yo no te hago nada, son las reglas. Pero son reglas que no tienen sentido. Son las reglas. Y si bajo, ¿qué pasa? Vas a tener que volver a pagar la entrada.
Me peleo un rato más y desisto porque la mala onda del seguridad está llegando al extremo. Y la mía también. Nos apartamos y vemos cómo alguien le va a hablar con el mismo problema.

Entonces cambio un poco la estrategia y avanzo contra el primer seguridad de la otra escalera.
Disculpame que te vuelva a molestar, pero yo estas reglas no las entiendo, yo pagué por entrar a otro lugar. Las reglas no las hice yo. Yo te entiendo perfectamente, pero vos entendeme que yo pagué por estar en la sala de abajo. Pero es cómo cuando vas al cine, ¿tú no miras qué película vas a entrar a mirar? Me encanta tu ejemplo del cine y precisamente demuestra que yo tengo razón, si estoy entrando a la sala del cine a ver la película equivocada me van a avisar. Pero aquí hay carteles, ¿no lees los carteles? Yo te digo que en el cine no me obligan a ver una película, si pagué la entrada para ver otra: yo entré a ver una de Disney y me están haciendo ver una de terror.

Creo que con esa frase lo convencí. Y mientras otros grupos de “despitados” seguían preguntando cómo bajar, a nosotros nos dejaron pasar a la sala dos.
Una nueva batalla ganada contra las reglas absurdas del mundo.

Además
Me siento Narda Lepes cada vez que voy a la Boquería; un reencuentro inesperado; leer un poco del nuevo de Aira parada en La Central fue una experiencia extraña; Mariscal en La Pedrera; el CCCB; el MACBA justo no está mostrando la colección permanente; en el Teleferic me sentí como en el Ital Park; investigando un poco más sobre Afterpop; vi Scott Pilgrim; volví a ver Trainspotting; empecé a ver la sexta temporada de How I Met Your Mother y lo que más me impactó fue: ¿qué le pasó a Jason Segel?!!!

De todo esto algo va a salir. Creo.

1/20/2011

Barcelona

Hace meses, Juan Sklar me reveló, entre otras grandes y sabias verdades sobre la vida, que el levante en el extranjero es tan excitante por tres motivos:
1) como no local, sumás como mínimo dos puntos (es decir, sos más atractivo/a por "exótico/a")
2) como estás de viaje tenés una energía especial, sin preocupaciones, ni complicaciones y eso también te suma
3) al ser un mundo desconocido, te cuesta más sacarle la ficha a tu partenaire y puede volverse atractivo alguien al que, en tu tierra, no le hablarías por más de cinco minutos (este sería como el punto uno pero a la inversa)

De alguna forma esto último es extensivo a los programas de televisión, las bandas de música, los lugares para salir. Y cuando alguien es tan prejuicioso como yo la cosa se complica. En principio porque me cuesta mucho encontrar un marco de referencia. Estoy enamorada de Barcelona con uno de esos amores a los que no podés explicar, o, mejor dicho, con uno de esos amores a los que le podés dar muchas razones pero te das cuenta de que se trata de una racionalización mentirosa o incompleta. Y no se trata de estar de vacaciones, ni de joda. De hecho estoy muy enferma, triste y viviendo una historia que se volvió melodramática muy a mi pesar. Ojo, es verdad que puedo nombrar muchas cosas buenas, pero insisto, las razones, tanto las buenas como las malas, no alcanzan.

El punto es que perdí absoluta objetividad. Como le decía el otro día al responsable de mi gripe cuando me explicaba algo sobre un edificio: me podés hablar de ese palo de luz o de ese tacho de basura que te voy a decir como una tarada, ¡qué lindo! (Además estoy cursi como nunca: pensando grandes verdades sobre la vida, hablando de dejarse llevar por la felicidad y ese tipo de ridiculeces, me falta citar a El principito o cosas por el estilo y ya estamos. Pero ese es otro capítulo)

Igual, me dan ganas de entender (es más fuerte que yo, no me puedo entregar sólo a disfrutar, tengo que entender también, me odio) y entonces utilizo de forma inevitable lo que aparece siempre en estos casos: la comparación. De esta forma, empiezo a sospechar que el Heliogabal (creo que está en Gracia, si mal no recuerdo) es un localcito muy palermitano, por ejemplo. Por el tipo de ropa, la forma del marco de los anteojos, la postura de la gente, el tipo de recitales (acá: conciertos). O a suponer que Muchachada Nui (del que recomiendo altamente la sección: Mundo Viejuno) es una especie de Cha Cha Cha o Peter Capusoto y sus videos. Con las bandas se complica, porque encima tenés las que cantan en catalán y al no conocer el lugar en el que tocan, ni las otras bandas es más difícil. Quiero decir, incluso cuando en Buenos Aires no conozco una banda alcanza con que me digan que tocó en Niceto o en el Festipulenta o con Pablo Dacal o con El mató a un policía motorizado para que me dé una idea. Ojo, después la escucho, juro que la escucho, no soy todo prejuicio, pero es un marco de referencia que te permite ubicar las cosas en tu cabeza.

Entonces ahí entra en juego el rol fundamental de los locales. Porque te van explicando. El punto es, ¿y a los locales quién te los explica? En Buenos Aires si me habla de literatura un egresado de Puán o uno del Salvador o uno que es fanático de Pauls y Kohan o de Guillermo Martínez, rápidamente puedo hacerme un mapa mental de lo que me está diciendo. Incluso, si esa misma gente me habla de política o de cine, más o menos intuyo lo que me va a decir. (Sí, sí, ya sé, todas las personas son únicas e irrepetibles y todas esas cosas románticas y lindas, pero ustedes me entienden lo que quiero decir) En Buenos Aires, en diciembre conocí a un psicoanalista que al día siguiente me dijo: "es increíble cómo me conocés", por un par de cosas que yo había dicho sobre él. A lo que respondí con una sonrisa seductora, por supuesto. No le iba a empezar a decir todo esto, pobre hombre.

Es increíble cómo miramos, cómo escuchamos, cómo leemos con un marco de referencia. Sé que no revelo nada nuevo, pero no deja de ser muy fuerte experimentarlo. Y eso que no estoy en una civilización desconocida y estamos en la era de la globalización y todas esas cosas que ya sabemos. Ni estoy hablando de Medio Oriente. Igual, esa cosa entre parecida y diferente creo que la vuelve más difícil de entender. Ya sé que algunos me van a decir que disfrute sin analizarlo. A lo que yo les tengo que responder: vamos, ¿todavía no me conocen?