La historia empieza más o menos así: un amigo me cuenta que en este momento lo que está de moda en Inglaterra es Baxter Dury. No lo dudo un segundo (sé que va a ser bueno por quien lo recomienda) y me dispongo a escuchar Happy Soup, el disco salió hace unos días, creo. Me encanta, lo escucho todo el día.
Mi amigo insiste en que ahora Baxter Dury está muy de moda en Inglaterra. Hablamos del padre, Ian Dury. De Sex and Drugs and Rock and Roll. Sexo, drogas y rock and roll es todo lo que mi cerebro y mi cuerpo necesitan, dice la canción, decimos, y hablamos sobre la frase.
Volviendo a Baxter Dury. Yo no sé si es tan famoso en este momento porque no estoy allá. Yo le digo que el concepto de famoso entre la gente que me rodea es ridículo, Ponele, ninguno de mis amigos votó a Macri, de hecho, todos lo detestan, y ganó. Y yo no conozco a nadie que lo haya votado. Así que desconfío del concepto de "famoso" que él me dice. Le digo que el pequeño mundo en el que nos movemos tiende más a la burbuja del fracaso que a la fama. Me dice que soy una tarada.
Aunque, de verdad, yo calculo que Baxter Dury debe ser famoso para un grupito. De gente linda y querible. E inglesa.
No soy Carrie Bradshaw, en principio, porque no sé caminar con tacos llevándome al mundo por delante, y porque prefiero grandes cantidades de cerveza a los glamorosos Cosmopolitans, entre otros detalles. Sin embargo, quería hacer una observación sobre el sexo en la ciudad.
¿Se acuerdan que existió una época en que los hombres eran caracterizados como los seres que les mentían a las mujeres solo porque querían tener relaciones sexuales con ellas? Bueno, eso no existe más.
Ahora lo que tiende a pasar es lo siguiente: las mujeres insisten para tener sexo. Por mensaje de texto, por facebook, por mail, piden, casi al borde de la desesperación, que se las garchen. Así, explícitamente, en versiones cachondas y directas. Y los muchachos, que no vamos a negar que se sienten halagados al respecto, (y se sonríen cuando lo cuentan entre agrandados y desconcertados), prefieren jugar a la play con los amigos, tomarse una chocolatada, fumarse un porro, deprimirse solos en casa o practicar algún deporte. Y, finalmente, se deciden a estar excitados justo cuando la que les mandó el mensaje consiguió a otro para pasar esa noche.
Yo no juzgo a nadie (y, según pasan los años, cada vez menos). Por supuesto, celebro la liberación femenina y la defiendo a morir. ¡A las mujeres les gusta tener sexo, vaya novedad! Me niego a ser conservadora. Pero, para ser sincera, a veces me preocupa un toque, porque, como todos sabemos, la sexualidad responde al juego de la oferta y la demanda. Les aseguro que a mí me encantaría que la sexualidad fuera socialista y estuviera repartida y garantizada para todos por partes iguales. Pero, no, una vez más, la injusticia de la naturaleza humana hace que la sexualidad no esté equitativamente distribuida, lo que hace todo una verdadera complicación.
En fin, que parece que los hombres quieren mentir, pero ya no saben con qué propósito hacerlo. Y las chicas están muy guerreras, pero, en realidad, parece que, al final, se angustian porque quieren demostrar algo, pero después no se lo bancan, y terminan preguntándose (cual doncellas engañadas en el siglo XIX) para qué me pidió el celular si después no me llamó, cuando yo estaba dispuesta a entregarle todos los agujeros de mi cuerpo y se lo dije. No sé, es demasiado complejo, un bajón. No me voy a poner a analizarlo ahora, y mucho menos con el sueño que tengo.
La sexualidad humana es complicadísima. Es así, imposible de simplificar.
Todo esto que viene a continuación es solo a efectos de recomendar fervientemente a Herman Dune.
Herman Dune: dúo de franceses que cantan en inglés que uno es suizo que eran un trío que el tercero era el hermano del que ahora es el principal (un solista encubierto que tiene un dúo) que el nombre es el apellido de los hermanos o algo así. Vieron cómo es esto de la música.
Herman Dune: a mí me hacen acordar mucho a Jonathan Richman.
Jonathan Richman: cantante de los Modern Lovers. Para los que no saben de música, pero sí de películas, Jonathan Richman: cantante de Loco por Mary que es asesinado en el final de la película.
Más simple: escuchen el último disco de Herman Dune que se llama Strange Moosic. Detalle de color: el video del primer tema del disco, “Tell me something I don’t know” está protagonizado por el mismísimo Don Draper.
El temazo de Herman Dune parece que es: “I wish i could see you soon” (que tiene unos años ya). Según me entero es el tema que eligió Estrella Damm (cerveza catalana) para la última publicidad. Algo así como las canciones que elige Quilmes cuando llega el verano. O sea, despreciable. Pero, no sé si es porque que estoy en invierno, porque añoro las Estrella Damm (que ya sabemos que según los catalanes no es una buena cerveza, pero yo las añoro igual) o porque no la tengo que escuchar cada vez que prendo un televisor, la cosa es que me enamoro de la canción. Y la escucho mucho.
Todo lo que viene ahora es completamente personal, es decir, pueden dejar de leer y e ir a escuchar a Herman Dune.
Entonces veo la foto del dúo de Herman Dune y me digo: a este de barba yo lo conozco. Y googleo no sé exactamente qué. Google nos permite entender nuestros pensamientos. Bueno, y me doy cuenta de que no lo conozco a él sino a su hermano, al que dejó la banda. Resulta que el que dejó la banda se hace llamar Staley Brinks y yo lo vi en el Heliogabal una noche de enero que hacía mucho frío y que yo estaba muy enferma y me cansé de estar en la cama y me levanté a las nueve de la noche y me fui sola al Heliogabal y estaba en un rincón llena de mocos y me reía mucho de mí misma en ese momento por lo ridícula que era.Entonces estaba sola sonándome la nariz todo el tiempo y riéndome sola de la situación. Patético y adorable.
Me gusta mi recuerdo, aunque es muy personal, por eso les dije que dejaran de leer y se fueran a escuchar Herman Dune.
Entonces, entre nostalgia y futuro, busco la famosa publicidad de Estrella Damm. Y es eso, una publicidad, como la de Quilmes, ponele. Con una chica linda y un chico lindo que hacen cosas divertidas de verano, porque, como todos sabemos, a la gente linda le pasan cosas divertidísimas. Pero en el final no va que el pibe hace un par de huevos fritos que me agarra un antojo terrible que me muero de ganas de comer huevos fritos (dicho sea de paso, la última vez que comí huevos fritos fue en Madrid, es decir, hace once meses) y ahora tengo un antojo que no puedo más. Qué ganas de comer huevos fritos!
Después de tantos días de frío, el sol de hoy se veía más disfrutable. Tenía muchas cosas para hacer (como siempre, como todos) de acá, de allá, cosas que me gustan más, cosas que me gustan menos, pero decidí no hacer nada que, en principio, pareciera relevante y poner mi mente al sol, tal como dice la canción de El niño gusano que abrió este blog.
En mi plan de improductividad garantizada, y al rato de estar al sol, fui a buscar un libro. Elegí uno que había comprado el año pasado no me acuerdo por qué motivo (seguramente, alguna reseña que leí o algún comentario que me dijeron o porque es famoso) Lo bueno (siguiendo la lógica autoimpuesta del día) era que no tenía una utilidad inmediata (como una lectura para una clase, o sobre un tema que estoy investigando, o sobre algo que quiero escribir, etc) El libro del que hablo se llama El curioso incidente del perro a medianoche y es de Mark Haddon. La historia trata de Christopher, un chico de 15 años, autista o algo así, que se obsesiona con investigar la muerte del perro de la vecina. La historia está contada por él, desde su perspectiva, y además de ser dulce, triste y tener unas reflexiones brillantes, tiene un trama que te mantiene atrapadísimo. El libro tiene un tono de comedia melancólica independiente, género que ya asumí como mi preferido. Christopher ama las matématicas porque le dan orden y seguridad, odia el color amarillo, pero le gusta el rojo, solo sabe decir la verdad (él dice que según su madre lo hace porque es bueno, pero según él lo hace porque no sabe mentir, y porque la mentira lo confunde y le da miedo) y cuando está asustado (o si lo tocan) le pega a la gente o piensa en ecuaciones de segundo grado para calmarse. Es de esos libros que me hubiese gustado escribir a mí.
Lo terminé de una sentada. Bueno, no exactamente de una sentada porque el sol bajó y empezó a hacer frío, entonces, seguí leyendo al lado de la estufa. Y después busqué más sobre el escritor y encontré este reportaje. Y ahora lo comparto porque también me gustó. Y como estoy con el tema de eliminar las ideas en el momento de escribir (sí, esta última frase puede ser un poco críptica, perdón, no tengo ganas de explicarla) quedé más copada aún con la respuesta que eligieron para titular la nota: "Estoy atento a las voces, no a las ideas, que bullen en mi cabeza".
(Este texto lo escribí ayer. Lo digo para los que leen demasiado literal. Ya sé que hoy estuvo bastante nublado.)
El Ital Park fue el mejor parque de diversiones del mundo (claramente superior a Disney World o Legoland o Universal Studios Florida). Tuvo la desgracia de tener que ser clausurado y meses después cerrado definitivamente en 1990 porque, como todos recuerdan, una chica murió en el Matter Horn. Dicen que el Ital Park estaba en crisis financiera y que, por eso, no habían hecho todos los controles necesarios en el carrito que se desprendió. Y es verdad, estaban todos los juegos hechos mierda. Me acuerdo que yo había ido justo un mes antes de que lo clausuraran. Me subí a la Súper 8 volante (hasta los nombres eran geniales) y fiel a mi estilo neuro-miedoso que ya demostraba a los catorce años, le pregunté al pibito de seguridad: "¿está bien trabado esto?" "No, justo este broche funciona mal" y se rió. En principio, cualquiera pensaría que el muchacho le hacía ese chiste a todos los que le hacían ese tipo de preguntas, La típica broma del valiente al que tiene miedo, del cancherito al cobarde, como cuando alguien le tiene miedo a una cucaracha entonces va otro y la agarra con la mano, se la muestra y le dice: pero si no hace nada, ¿por qué le tenés miedo? Solo que en este caso es como si la cucaracha, un mes después de la pregunta, se hubiera devorado a un humano.
La otra noche, en una cena familiar, alguien contaba de un amigo que las noches de navidad tenía recuerdos tristes de su infancia. Específicamente, recuerdos relacionados con la pobreza. La persona en cuestión recordaba que mientras los otros recibían regalos geniales, él imaginaba juguetes y cuando abría el paquete se encontraba con un chocolate. Y parece que la realidad no es como cuenta la historia de Charly y Willy Wonka. Ahí yo dije que, más allá del recuerdo triste de este hombre y su infancia pobre (para ser sincera yo también era bastante pobre cuando era chica) es un clásico de todos los humanos recordar el juguete que querían y no tuvieron. Yo estoy segura de que todos los que están leyendo esto se acuerdan de algo que deseaban muchísimo y que no tuvieron. Yo, por ejemplo, pocas cosas quise más en mi vida que tener una Commodore 64 y, a pesar de que rogué, nunca me la pudieron comprar.
Bueno, en ese momento, la conversación se dividió entre los que empezaron a nombrar su juguete de la infancia y los que empezaron a teorizar sobre la responsabilidad paterna en el cumplimiento de deseos de los niños y la aceptación al fracaso.
Ahora que lo pienso mejor, también hubo cosas que deseé muchísimo en mi niñez y que las tuve y que me hicieron muy feliz. Por ejemplo una mañana de Reyes en la que me encontré con un disco de los Parchís que quería y quería y la felicidad de abrir el envolotorio y verlo es inolvidable. Y también quise mucho el juego Operación y cuando lo tuve, no me gustó y me dejó de interesar.
Lo que quiero decir con todo esto es que después de la conversación me dieron ganas de escribir un texto y decir algo sobre el deseo. De verdad, creo que si uno piensa su deseo en relación con sus juguetes, con los que tuvo y los que no tuvo, puede darse cuenta de algo interesante sobre sí mismo. Por ejemplo, de lo que me di cuenta yo es que, en este momento de mi vida, no estoy en condiciones de asegurar nada. A veces, lo tuve y fui feliz, a veces, lo tuve y me dejó de interesar, a veces, no lo tuve y lo deseé más y a veces, no lo tuve y pude aceptarlo. Sé que parece un poco relativo y vago lo que digo, pero, para una persona que le gusta tener su vida bajo control e intenta aceptar que eso no es posible, es un hallazgo maravillloso. El deseo se resiste a teorías y a afirmaciones.
Ah! el Ital Park. Cómo entraba el Ital Park en todo esto. Bueno, al finalizar la conversación familiar, recordé la historia más triste de mi infancia: mi cumpleaños número ocho. Teníamos planeado ir al Ital Park, que era el lugar que más me gustaba en el mundo. Pero ese 15 de abril amaneció nublado. Y yo quería ir igual, aunque estuviera nublado, y lloraba y decía que quería ir. Y mis padres me decían que estaba por llover y que no podíamos ir si llovía. Y yo seguía llorando. Y me puse en nena caprichosa, entonces, encima, me retaron. Y sufrí mucho. Y, la verdad, no tengo mucho más para decir al respecto. Fue triste. Eso.
En lo personal , no soy ni Pro San Valentín, ni Anti San Valentín. Nunca festejé el día, no por odio o soledad, sino por desinterés. Por supuesto, siempre fui, soy y seré Pro Amor, el estado más maravilloso que puede vivir un ser humano. Pero, además, como sigo siendo una obsesiva de la representación del amor, no quería perderme el Anti San Valentín en el CCCB. Así que allí fui:
Voy al Anti San Valentín en el CCCB. Es de 19.30 a 22.30. Se propone como contracultural y con mucho humor. Hay muchísima gente, mucha cerveza. Y todo lo que viene después es altamente disfrutable y divertido.
Cuando llego, ya empezó. La presentadora está diciendo una versión porno de Me gustas cuando callas. Luego da a paso a un chico (que vi el otro día como cantante de una banda de rock). Se parece a Elijah Wood. Él habla en catalán. Va a decir un poema, pero lo hace de distintas maneras: empieza a mover los labios sin pronunciar sonido. Se tira al piso, hace lagartijas diciendo el poema, se pone guantes de látex, los pone en el micrófono, se lo pone en la boca, y sigue diciendo el poema. Termina golpeándose fuerte el pecho con el micrófono al pronunciar las últimas estrofas.
Vuelve la presentadora entre persona y persona. Después pasan: una chica que se nota que está muy nerviosa (parece que está exorcizando alguna historia de desamor arriba del escenario). Varios de los que suben hablan en catalán y hacen referencia a canciones, poemas o personas de la cultura de acá, así que me doy cuenta de que se están burlando de algo, pero no entiendo el chiste.
Pasa un chico del que me encanta su actitud, tiene nombre griego, habla bajito, dice que con un piano delante es más fácil, porque lo tapa. Comenta ese momento previo a que el amante va a dejar a su amado. La desesperación y la idealización. La pregunta patética del final: “pero, por lo menos, ¿me quisiste un poquito?” Y canta a capella una canción de Magnetic Fields que trata de lo mismo. Uno de los mejores de la noche.
Pasa alguien que lee mi poema preferido de Fogwill: Llamado por los malos poetas. En un ataque de nacionalismo (y de buena literatura, por supuesto), juro que me dan escalofríos continuos. Después hace una lectura excelente de “Como yo te amo”. Yo no conozco o no recuerdo la canción, pero me doy cuenta, por la reacción de la gente, de que se debe de tratar de algo popular. Así que retengo algunos versos en mi memoria, para luego googlearlo y enterarme de que se trata de una canción que canta Raphael. El ímpetu con el que pronuncian “yo” (tanto el poeta como Raphael) me hacen pensar en que es un ejemplo hermoso de que el amor romántico (en donde se aseguran cosas como: “nadie te amará como yo te amo”) no es más que narcisismo y onanismo mental.
Hay una performace de Eloy Fernández Porta (el único de la noche que sé quién es) en donde mezcla video y texto. Fernández Porta tiene dos libros que yo conozco: Afterpop y Eros. Además también conozco al dúo Fernández -Fernández que forma con el escritor Agustín Fernández Mallo.
Pasa una pareja. Son un matrimonio, dicen. Se dan un pico. Ella empieza a leer un texto y en la mitad cuanta sus diez amores homosexuales de manera bastante guarra. Generan cierto suspenso, es interesante. Pero no lo resuelven. Después él lee un poema deliberadamente cursi dedicado a ella y la llama: mi marido. Yo cuando era chica me preguntaba si un hombre que quería ser mujer y una mujer que quería ser hombre no se podrían enamorar y ser una pareja homosexual heterosexual. Algo así parece que quieren representar ellos.
Después pasa un señor más grande. Muy atractivo, de traje. Y lee un poema de Bukowski del libro Mujeres, diciendo que Bukowski no es uno de sus preferidos. Me gusta su aclaración. Cuando lo escucho, descubro la causa de mi prejuicio: no me gusta la gente a la que le gusta Bukowski, pero hay que leerlo a él en lugar de dejarse llevar por la imagen de sus lectores. Tiene cosas buenas, en serio.
Llega una nueva perfomance de Anamor: Yo solo quiero amarketing. Combina canciones (la gran “Vivir así es morir de amor” de Camilo Sesto), con noticias sobre campañas de publicidad sobre San Valentín, con videos de Youtube, con la lectura de una extensa lista de casamiento, con una canción de amor hacia el Spam. Anamor es un muchacho de barba y bigote, gordito que se cambia de ropa pasando por trajes de luces y regala un paraguas al finalizar su actuación.
Ya queda poca gente, un par más que leen, la presentadora dice otro poema de amor porno lésbico en donde habla de la eyaculación femenina. El organizador sube al escenario para hacer agradecimientos. Fin del Anti San Valentín del CCCB.
Día siguiente:
Estoy un rato en casa. La tarde está horrible: fría y nubladísima. Escribo esto mientras me empacho con un postre de crema catalana (acabo de engordar un kilo como mínimo). Busco al músico griego que cantó Magnetic Fields. Se llama Euripidis Sabatis, vive en Barcelona desde el 2004, y tiene una banda: Euripidis and his tragedies. Dejo dos videos. Hay que seguir investigando.
No me gusta cómo quedó este texto. Siento que le falta “vida”. Que no deja ver todo lo que vi yo. Y además es aburrido. Voy a tratar de mejorarlo. Pero, ahora, lo subo porque ya me tengo que ir. Es más, ya me debería haber ido.